En el presente escrito se realizará un
análisis acerca de algunos aspectos de la teoría de Judith Butler, en especial,
lo correspondiente a su postulación de la performatividad
y como lo relaciona con los conceptos de sexo y género, esta categoría de
perfomartividad, da cuenta de la rutinización de los aspectos que generan
socialmente el ser hombre o mujer, y como estos, también son parte de la
ritualización de cada aspecto y momento de nuestra corporeidad. Butler, aunque
no habla propiamente de construcciones corporales, su teoría si da pie para
poder relacionar los estudios acerca del cuerpo con la performatividad, pues el
cuerpo es la base de donde se desprende el ser y la expresión de cada uno de
los aspectos que lo componen, sus acciones, sus pensamientos, su identidad,
entre otras, la forma en cómo se compone y se construye a partir de su
personalidad y los designios socio-culturales.
Sabemos que el sexo es algo determinado
biológicamente y que el género es lo que conlleva a una reproducción de “roles”
que se han establecido mediante aquel sexo; el género es algo que se evidencia
intangible pero que, a su vez, se materializa. Es entonces que a partir de lo
socialmente establecido, somos el resultado de todas aquellas relaciones -sea
con otros sujetos o con otro tipo de elementos- que hemos construido en nuestra
trayectoria experiencial, es así, como la performatividad toma forma en los
cuerpos haciendo de ellos una reiteración constante de actos, no libres, no
únicos; son actos que representan lo que hemos edificado en lo interrelacional
y que internalizamos para luego hacerlo cotidiano.
“En la vida cotidiana, actuamos
rutinariamente de acuerdo con la definición de la situación, no necesariamente
de modo fijo” (Freire, 2012. p. 3) es decir que, así como las situaciones o la
sociedad en sí, no son estáticas, los sujetos tampoco lo somos, nos
re-pensamos, nos re-construimos, nos transformamos y de esta manera, ritualizamos
el género; en palabras de Judith Butler (1998): “en este sentido el género no
es, de ninguna manera, una identidad estable (...) más bien es una identidad
débilmente constituida en el tiempo: una identidad instituida por una
repetición estilizada de actos (...)” (pp. 296-297)
En este sentido, la performatividad
del género, hace referencia a “lo que consideramos una esencia interna del
género que se fabrica mediante un conjunto sostenido de actos, postulados por
medio de la estilización del cuerpo basada en el género” (Butler, 2001: 16), es
por esto que, peinarnos es performar, vestirnos es performar, maquillarnos es
performar, esto, realizándolo cotidianamente, es lo que le da sentido a nuestro
cuerpo; no obstante:
(...) el
género y el sexo son actuaciones, actos performativos que son modalidades del
discurso autoritario; tal performatividad alude en el mismo sentido al poder
del discurso para realizar (producir) aquello que enuncia, y por lo tanto
permite reflexionar acerca de cómo el poder hegemónico heterocentrado actúa
como discurso creador de realidades socioculturales. (Duque, 2010. p. 87)
Con lo anterior, Butler nos permite
dar cuenta de que la repetición continuada de las expresiones del género, crean
en el sujeto una ritualización de construcciones que expresan lo que
socialmente se le ha asignado por su sexo biológico, por ello, a su vez, no es
aceptado o tachado cada cosa que no se encuentra dentro de la relación sexo-
género, que no es binario, que se sale de los lineamientos ¿qué pasa con el travestismo,
las personas no binarias, andróginas, transexualismo, transgénero, entre otros?
Claramente a través de sus cuerpos generan performatividad, una que no es
aceptada, pero que al realizarse les permite a los sujetos consolidar su
identidad a través de la rutina, del ejercicio diario y de lo cotidiano.
¿Cómo se llega a la construcción performativa
del género en Butler? Se logra mediante actuaciones sociales continuas que son
realizadas para ocultar precisamente su mismo carácter, el de consolidar el
binarismo, y presentarlo como lo normativo naturalizado, para impedir a su vez
aquello que pretenda salirse de la norma, y que para ejecutarse también tiene
que rutinizar la performatividad, por ende al no mostrar el carácter
performativo también se oculta las posibilidades performativas de que se
multipliquen las configuraciones de género que no responden al marco de
dominación masculina y heterosexualidad estructuradas e institucionalizadas.
Pero, es claro que la performatividad como acción tiene cabida para todo,
también para aquello no binario, deja un espacio a la subversión de género, dentro
de la construcción performativa se encuentra también la posibilidad subversiva
del género, porque el género no puede ser una categoría totalizante, ni
binaria, ni que exponga una sólo forma de relación sexo-género.
Entonces, ¿Qué propone Judith
Butler? Claramente que el género es performativo, el género termina siendo una
categoría abstracta, pues no se expresa por si sólo a través de acciones,
gestos o habla, sino que lo hace mediante la performatividad, que reproduce
esta construcción abstracta de la categoría género, el género construye a
través de su interpretación la ilusión social y cultural de que hay una forma
correcta de realizarlo o ejercerlo, es más, hace creer que puede ser expresado
¿por qué el género tiene que ser expresado? ¿acaso de esto depende de que sea
legítimo? De modo tal que la performatividad de género produce el efecto de una
esencia o “disposición genérica verdadera, original o perdurable”. El género,
termina siendo entonces expresado en el cuerpo del ser humano como algo
inherente, como una especie de alma o esencia, que hace que la expresión de su
identidad y construcción física y emocional tenga que ser de una forma
determinada, de ese modo, se gesta una forma de ritualización, de reproducción
cotidiana de unas formas y maneras de expresarse, de construirse, de mostrarse.
Con la explicación de la
performatividad en Butler, podemos hablar de cómo se expresa en formar no
binarias, como en el caso que la misma autora menciona en “cuerpos que importan” , la parodia de género que realiza la
travesti, un punto a resaltar aquí es la necesidad de la repetición para que
así pueda ser consolidado el género, no sólo el travestismo, que es la
performatividad que realiza un género del otro, es decir, que el género en su
totalidad es un constante acto de performatividad, de rutina, de
condicionamiento de lo corpóreo, de repetición en lo cotidiano, y no sólo la
subversión tiene que hacerlo para consolidarse en el sistema heteropatriarcal,
ambas formas de performatividad son una imitación de un arquetipo que les
permite nombrarse como subversivo o normativo, pero nombrarse, existir. El
género binario muestra que su naturaleza es de “creación” y no es un “origen
divino” como intenta hacerlo creer el sistema heteropatriarcal, así pues, toda
otra forma de expresión de performatividad también es creación y puede
normatizarse a través de la rutina.
¿Por qué ocultar el concepto de
género tras la performatividad? Porque el mismo no es legítimo, y
burlescamente, esta forma de legitimarlo genera a su vez la capacidad de que se
dude de su propia construcción, para Butler, esta necesidad de crear maneras de
materializar el género, demuestra a su vez, que este nunca ha podido trascender
a algo más allá de una idea. Pero ¿y cómo se realiza la performatividad?, su
mayor aliado es el cuerpo, las expresiones, los gestos, las acciones, va desde
a forma de caminar, hasta como manejamos nuestro cuerpo, la forma en que
llevamos nuestro cabello, las uñas, si nos maquillamos o no, y si es
afirmativo, de qué manera, fuerte o suave, con vellos o sin vellos, si hay
vellos, en qué lugares si y en cuales no, el vestir, que se quiere proyectar
con ese vestir, como se mueven las extremidades, como se mira, como se
proyectan los gestos, las emociones, los sentimientos.
En lo personal, pienso que la
performatividad, como expresión del género va más allá de lo meramente corpóreo
y de lo impuesto por el sistema heteropatriarcal, también responde a la
posición geográfica, al sistema cultural, económico y social, además de las
relaciones de poder, en el sistema capitalista, podemos ver como poco a poco se
han ido incorporando otras categorías identitarias para poder expandir su
mercado y abarcar más espacios dentro de la sociedad ¿cómo analizar la
performatividad en las relaciones sociales o dentro del sistema capitalista que
cada vez es más salvaje?, creo es otro punto que podría estudiarse y analizarse,
en relación con otras teorías y postulados, pero será en otra ocasión.
Referencias bibliográficas
·
Butler, Judith (1990). El Género en Disputa. Paidós-PUEG.
México
Butler,
J., & Lourties, M. (1998). Actos
performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría
feminista. Debate feminista, 18, 296-314.
·
Freire
Accorsi Miranda, A. C. (2012). El arte
performance en la vida cotidiana.
· Acosta, C. A. D. (2010). Judith
Butler y la teoría de la performatividad de género. Revista de educación y pensamiento,
(17), 85-95.
Nazareno Saxe, Facundo (2015). La noción de performatividad en el pensamiento de Judith Butler: queerness, precariedad y sus proyecciones. Universidad de Santiago de Chile. Estudios Avanzados.
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