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miércoles, 27 de mayo de 2020

Mujeres en la ruralidad colombiana: roles, ventajas y desventajas en el campo colombiano.

La Revista Semana cuenta con una sección denominada Semana rural, en ella fue publicada el 23 de mayo del presente año un artículo titulado ¿Cuál es la situación de las mujeres rurales en Colombia? Allí fue expuesta la situación de la mujer rural producto de un estudio realizado por el Ministerio de Agricultura desde la Dirección de Mujer Rural entre los años 2010- 2018, cuyo fin era poder dar cuenta de su situación y así crear políticas rurales de equidad y paridad con enfoque de género. 

Foto tomada de radionacional.co

Es inevitable no asociar lecturas como esta y términos como mujer, rural, enfoque de género a todo el telón mediático que se formó en torno a lo expuesto en el Acuerdo de Paz firmado en el año 2016, telón fundamentado en la tergiversación y desconocimiento, acarreando muchas posturas en contra sin un sentido argumentado. El Acuerdo de paz en su momento planteó algo que era necesario en el país y de lo cual poco se había tomado medidas por parte del Gobierno Nacional; el temido enfoque de género, ¿pero por qué tantas reacciones negativas ante este concepto? No tenía nada que ver con derechos o deberes de comunidades LGTBQ+, su movimiento o su identidad, este concepto en pocas palabras, buscaba la visibilización de la mujer, en este caso especialmente del campo, que había sido en gran medida duramente afectado por el conflicto armado colombiano, y que al igual que el hombre buscaban ser reparados. 

Aunque el artículo de la Revista Semana no se sitúa en este acontecimiento si da luces del porqué era necesario que en este acuerdo se buscara mejorar las condiciones de la vida rural y las fuertes desigualdades que se presentan en el campo colombiano entre hombres y mujeres; se menciona la fuerte desigualdad laboral donde alrededor del 81% de las mujeres campesinas se dedican a la producción de alimentos para su hogar o el cultivos, además de tener que cumplir a raja tabla las labores de cuidado del hogar y crianza, labores que no son reconocidas como tal y mucho menos remuneradas. Por otro la mujer rural no cuenta con la misma oportunidad de créditos para la producción campesina como los tiene el hombre, hay múltiples razones que pueden justificar esto, entre ellas la extensión de los terrenos, y la dedicación a las microproducciones o emprendimientos por parte de la mujer; también se presenta una contradicción entre educación y trabajo porque, aunque la mujer tiene un nivel un poco más alto de educación que el hombre rural, su oportunidad laboral es mucho más escasa al igual que su transición campo- ciudad, señalando a su vez que los hogares donde las mujeres cumplen el rol de "jefe" viven en pobreza extrema en su gran mayoría. 

Otro tema que acongoja la situación de la mujer en lo rural es la violencia de género, y en el caso de lo rural es aún más delicado, debido a que las denuncias que se realizan son en mucho menor grado que en las zonas urbanas, los problemas de conectividad, zonas seguras, educación, imaginarios sociales y culturales impiden las denuncias. En las sociedades capitalistas la brecha entre lo urbano y lo rural es tan abismal y peligrosa como lo es la brecha de género, y su invisibilización aún mas persistente, ejemplo de esto son los errores cometidos por el Departamento Nacional de Estadística - DANE- que siendo una entidad superior de información censal y poblacional en el país pasara por alto la población campesina como categoría en el censo del año 2018 porque es "ambiguo" y puede generar "confusiones"; ante esto es necesario que las políticas de lo rural y del campesinado sean tomadas no sólo desde la reparación por el conflicto sino también como una constitución de sociedad paralela a la urbana requiriendo igual esfuerzo, trabajo y dedicación por parte del gobierno, no olvidemos que aquello que servimos en nuestra mesa, la economía nacional y en cierto grado internacional depende de lo producido en el campo: los alimentos. Solucionando estas problemáticas estructurales se pueden romper brechas y equiparar un poco estas construcciones sociales. 



Referencias bibliográficas



María Paula Torres, estudiante de sociología. Colombia. 

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