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lunes, 20 de julio de 2020

MOVIMIENTO POLÍTICO FEMINISTA DE AMÉRICA LATINA COMO MOTOR DE CAMBIO SOCIAL, POLÍTICO Y CULTURAL


Las mujeres han venido siendo protagonistas de la gran discriminación patriarcal y machista en la sociedad lo que llevo a que con los años fueran despertando sus emociones en contra de estas prácticas machistas, y de allí partió la formación de movimientos feministas en los cuales el de América Latina fue y ha sido  un gran motor en los cambios sociales, políticos y culturales de la región.

El feminismo

El feminismo es un movimiento político que da como respuesta a esa estructura  dominante de la nación por parte de los hombres. Este movimiento tiene raíces en la historia antigüa y se fue renovando en cada ciclo de la historia. En la actualidad se destaca por ese reconocimiento radical social y académico del que ahora goza, con algunas dificultades desde hace mucho tiempo, donde su voz ha sido contra la institucionalidad del Estado y la contribución a las políticas públicas.

El feminismo viene siendo un conjunto de ideas heterogéneas y de movimiento  culturales, políticos y económicos con el objetivo de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cuestionar esa dominación y la violencia de los hombres hacia las mujeres y la asignación de roles sociales según el género.

El movimiento feminista ha creado un conjunto de teorías sociales; teorías feministas, que han generado disciplinas históricas como; la teología feminista, la historia feminista o los estudios de género, entre otras más.

Con la influencia que ha tenido el  movimiento feminista, se han dado logros de mucha  importancia como el voto femenino,  la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos, entre otros.

Las feministas en general tienen un acercamiento hacia la política, siguiendo en la creencia de las palabras de Martín Luther King, "Una injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo lugar". Ellas apoyan otros movimientos como el movimiento por los derechos civiles, el movimiento pacifista, el movimiento por la soberanía alimentaria o el movimiento por los derechos de la población homosexual. Al mismo tiempo, muchas feministas negras, como Angela Davis critican que el movimiento feminista es dominado por mujeres blancas.

Algunos feminismos muestran su preocupación por el movimiento transexual, ya que desafía las distinciones entre el hombre y la mujer. La transexualidad es rechazada por el feminismo radical, que considera que la masculinidad y la feminidad son construcciones socio-culturales, es decir la diferencia sexual entre hembra y varón es obvia pero el género, el imaginario y la nube que se crea en torno a esa diferencia anatómica determina la vida de las personas de manera absolutista, algo que se considera injusto para el individuo. Otras corrientes de feminismo reconocen, promocionan y reivindican los derechos humanos de las personas transexuales.

Influenciadas por estas experiencias y por el contacto con literatura que provenía de los países centrales, muchas latinoamericanas -fundamentalmente de clase media- iniciaron la formación de grupos de reflexión y activismos por los derechos de las mujeres.

El Movimiento Feminista en América Latina

En América Latina el feminismo aparece como un pensamiento y un movimiento crítico en la década de los sesenta, ya que antes solo existía ese feminismo muy débil, aristocrático y tributario del sufragismo, en algunos países apareció con un raigambre anarquista o de origen popular, vinculadas a las luchas obreras. Su presencia como actor internacional surge en la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en México en 1975. El papel central del movimiento feminista la subversión de los códigos culturales dominantes como una de las prácticas fundamentales.

   Los movimientos de mujeres y feministas en América Latina emergen como tales en los tiempos de la “segunda ola”, expresándose en varias ciudades de América Latina y del Caribe a partir de la década del setenta. Igual que en el norte, este movimiento provenía principalmente de mujeres de clase media; se organizó al inicio vía un modelo autogestionario e independiente y era generalmente constituido por pequeños grupos de auto-conciencia. A mediados de los setenta, salvo en algunos de los países del sur. por las dictaduras existentes, donde los movimientos de mujeres fueron parte de la resistencia (Argentina, Chile, Uruguay), se comienzan a delinear el Movimiento Feminista y de Mujeres con las características actuales.” (Valdivieso, 2006, pág. 46)

Se dice que a finales de los años 60 y a principios de los 70, surgieron movimientos que ampliaron y radicalizaron la confrontación entre las clases sociales que se había venido presentando desde hace mucho tiempo; es la lucha de las nacional-populares. Las feministas que era un movimiento muy débil se unieron a estas luchas y se vincularon con otros movimientos sociales y políticos. Esta experiencia va a crear esa base para la estructuración en el interior de los sindicatos, partidos y movimientos guerrilleros, que cuestionaron la forma desigual en los que se distribuían los roles en las luchas por la democracia y los derechos humanos. La actividad clandestina y violaciones a los derechos humanos, incluida la suspensión de los derechos políticos y civiles, le dieron un papel muy importante como centro de acción desde dos perspectivas: la lucha por la “supervivencia”, como se denomina para hacer efectivas las demandas sociales, y la lucha por la vida y por los derechos humanos.

A mediados de los 70´, a pesar de la derrota de ese ascenso que se dio a través de la contrarrevolución sangrienta en los países latinoamericanos, abrió un curso nuevo hacia una ofensiva imperialista en la región más llamada con el nombre de “neoliberalismo”.

Los regímenes dictatoriales que se vieron alrededor del continente, dieron impedimento el desarrollo de los movimientos feministas, no por la instauración de una ideología reaccionaria basada en la defensa de la tradición y la familia solamente, sino también por la persecución política y el terrorismo de estado con sus secuelas de tortura, exilios forzosos, cárcel, desapariciones y asesinatos de activistas sociales, gremiales y políticos que se venían dando en ese tiempo, que fue de los peores.

Estos grupos surgieron en el marco de una sagaz radicalización de la lucha de clases en el cual, se manifestó con el ascenso obrero y popular en donde expresiones más destacadas fueron los cordones industriales chilenos, el cordobazo en Argentina, las movilizaciones estudiantiles en México, etc. Aquellos acontecimientos podrían considerarse como experiencias muy agudas que radicaron en consecuencias como anteriormente dijimos en la formación de guerrillas.

El movimiento y la expresión se fueron dando a nivel regional con los encuentros feminista, cada dos años primero, y luego cada tres. En el cual se expresarían aquellos avances feministas, las estrategias compartidas, los conflictos en perspectiva y visiones que potenciaban estrategias y discursos; y que en ellos desarrollaría a través, una inmensa articulación entre lo nacional y lo transnacional.

Lo bueno de estos movimientos es que se enfocaron en dimensiones con proyección política transversal y suprartidaria. Un ejemplo claro son las amas de casa mineras en Bolivia, lideradas por Domitila Barrios de Chungara (1978), las cuales participan contra la lucha de la explotación capitalista, sustituyen a los dirigentes sindicales en la clandestinidad e iniciaron con una huelga de hambre de 4 mujeres en 1978, con la caída de la dictadura de Banzer. Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina, que llegaron a ocupar el espacio principal de interpelación a la dictadura y llegaron a convertir la lucha por los derechos humanos como un máximo referente durante el periodo democrático. Las mujeres del Distrito Villa del Salvador en Lima, combinaron la lucha por la salud de sus hijos (programa del vaso de leche) y con la apertura para el desarrollo del poder local y enfrentaron además la violencia de Sendero Luminoso. También se destaca el Movimiento de Mujeres Nicaraguense Luisa Amanda Espinoza, que surge en 1977 en medio de la clandestinidad, en la lucha contra Somoza, que en cuyas filas militaron, al igual que en otras organizaciones sociales izquierdistas, muchas lideres que habrían de impulsar la agenda feminista más adelante: “…En Centroamérica, la intensa participación de las mujeres en movimientos guerrilleros de los años setenta constituye un cambio radical en relación con el papel limitado que habían tenido durante la primera oleada de los movimientos revolucionarios latinoamericanos” (Ardaya, 2007, pág. 85)

A diferencia de otros movimientos, las mujeres no buscan modificar la distribución del poder de los sexos, a través de las luchas, porque sus reivindicaciones son nacionales, regionales y populares. La presencia de las mujeres se caracterizó por la suerte de liberalidad que entre los partidos surgía y a partir de otros rechazos al reclamo del poder para sí mismas. Son movimientos que se inscriben en la lógica del sacrificio, para irlas reconociendo a medida del tiempo como parte de movimientos colectivos. 

Algunos grupos feministas fueron realizando acciones durante los regímenes totalitarios y otras mujeres mantuvieron un clima de hostilidad, pero lo cierto es que el movimiento feminista recupera ese protagonismo que empezó a principio de los años 80´, con las caídas de las dictaduras y la instauración de los nuevos regímenes democráticos en toda la región.

La dictadura logró cortar, los hilos de continuidad con la etapa anterior. Muchos de los planteamientos iniciales del feminismo volvieron a rediscutirse, en cierto sentido los años del terror obligaron a que, una vez instalados los regímenes democráticos, las feministas tuvieran que “volver a empezar”. Las democracias del continente fueron los regímenes que garantizaron aquella continuidad de los planes económicos que fueron la pérdida de enormes conquistas del movimiento de masas.

 Las feministas se destacaron en la intención de perfilar y/o marcar un discurso de derechos y con la recuperación de los derechos de las mujeres en las décadas anteriores, los ubicaran como conquista y afirmación de derechos.

El acercamiento militante de las feministas, muchas de ellas del exilio, a las mujeres que incluso bajo el yugo de los regímenes de terror ya se había empezado a organizar con el reclamo de sus familiares desaparecidos, presos, y torturados.

Los términos de democracia y derechos humanos puestos en la agenda pública permitieron el paso de las demandas feministas a un lenguaje novedoso, a través de las políticas partidarias, organismos internacionales y  grupos de trabajo local. De allí empezó el periodo de la conquista por los derechos civiles fundamentales, lucha en que el feminismo tuvo un evidente compromiso como: el divorcio vincular, la patria potestad, las leyes relativas a la violencia doméstica, aspectos parciales relativos a derechos sexuales, salud reproductiva, etc.

Las acciones que fueron realizadas por las feministas estuvieron fundamentalmente orientadas a recreación de prácticas colectivas, a desarrollar las nuevas categorías de análisis, nuevas visibilidades e incluso los nuevos lenguajes que los feminismos a niveles nacionales estaban perfilando, para nombrar lo que era hasta entonces sin nombre: sexualidad, violencia doméstica, asedio sexual, violación en el matrimonio, feminización de la pobreza, etc.

En la década del 80, vuelve a surgir el feminismo, y esto se visualiza mediante una nueva definición de las relaciones con el Estado, con los partidos políticos y con el resto de las organizaciones sociales.

Las feministas de los 80´, como diría Nancy Fraser refiriéndose a la violencia contra la mujer, cuestionaron los limites discursivos establecidos y politizaron problemas hasta entonces despolitizados, crearon nuevos públicos para sus discursos, nuevos espacios e instituciones en las cuales estas interpretaciones opositoras pudieran desarrollarse y desde donde pudieran llegar a públicos más amplios. (Frasser, 1991).

Las feministas incluyeron  sus reclamos particulares en esta situación comenzando con la creación de nuevos grupos, la presión a los políticos y parlamentarios, exigiendo al Estado la implementación de una nueva legalidad que contemplara aquellas demandas básicas nunca resueltas. Los encuentros que se prolongaron durante toda la década estuvieron rubricados por estas discusiones: como la doble militancia, el pertenecer a distintas corrientes dentro del mismo feminismo en las cuales expresaban distintas herencias ideológicas y políticas; la discusión que se daba acerca de la práctica de los grupos de autoconciencia, o de “llevar” la conciencia a otros grupos de mujeres de sectores populares, etc.

Los feminismos latinoamericanos, se fueron expresando, visualizando y asumiendo las “dos formas de existencia”: como centros de trabajo feminista, y como parte del amplio, informal, movilizado, voluntario, callejero movimiento feminista, haciendo confluir así, desde una “identidad feminista” dos dinámicas: la de los profesionales activistas en los temas de las mujeres y las de militantes de un movimiento en formación. Esto fue debilitado a favor de una creciente institucionalidad en la década de los 90´.

La década del 80´ llego al punto más alto con el IV encuentro realizado en México, donde un grupo de mujeres hacen un documento crítico en el que se describen los “mitos” del movimiento feminista, que según las firmantes, hacen interrupción al desarrollo del movimiento. Este documento tiene gran efecto; en la que manifiesta que el feminismo tiene un largo camino por recorrer ya que realmente aspira es a una transformación total de la sociedad, de la política y de la cultura. Los mitos que se enumeran son: A las feministas no les interesa el poder, las feministas hacen política de otra manera: “todas las feministas son iguales, existe una unidad natural por el solo hecho de ser mujeres, el feminismo solo existe como una política de mujeres hacia mujeres”.

Estos mitos, han generado con el tiempo una situación de fracaso, autocomplacencia, desgaste, ineficiencia y confusión, que muchas feministas descubren y reconocen que existen y que está presente en las grandes mayorías de grupos que hacen política en América Latina.

El Neoliberalismo entra en auge

A finales de la década de los 80´ ya se estaban viendo los problemas que frenaban, el progreso del movimiento feminista en la parte de hacer una transformación radical de la sociedad, la política y la cultura. Las discrepancias que se esbozaban a pesar de los intentos de homogeneización, se hicieron más visibles al calor  de aquella ola de despidos, privatizaciones y el ataque al nivel de vida de las masas en nuestro continente.

Tres temas aparecen ahora como cruciales en las agendas del movimiento de mujeres y feministas: luchas y alternativas frente a la globalización neoliberal; militarismo y guerra, y las luchas contra los fundamentalismos de cualquier tipo, que niegan el ejercicio de sus derechos políticos, sexuales, reproductivos y económicos, de muchas maneras. Estas realidades impactan a la humanidad de diversas formas, pero para las mujeres hay consecuencias específicas, y nosotras hacemos énfasis en los impactos en los cuerpos de las mujeres y del derecho que tenemos a un cuerpo sin hambre, sin violencia, con derechos sexuales y reproductivos y a vivir en espacios con culturas seculares y estados laicos y democráticos. (Vargas, 2005).

 

El programa “neoliberal” ya se había implementado en su mayoría, el Banco Mundial priorizó la financiación de programas sociales bajo  lemas de “participación” y “transparencia” apropiándose de sus propios discursos críticos a su conveniencia de accionar. En los 90´ aumento de la desempleo en todo el continente, y aquellas “relaciones carnales” de los gobiernos Latinoamericanos con EEUU. No fue una etapa muy buena para los que decidieron mantener la autonomía financiera, política e ideológica.

Muchas feministas con experiencia en movimientos, conocimientos específicos y una trayectoria política, hicieron parte de esta tecnocracia en donde se sumó organismos multilaterales, las agencias de financiamiento, el Banco Mundial y las organizaciones que se transformaron en plataformas para el lanzamiento de carreras personales. Otras mantuvieron su crítica durante estas tendencias, pero su voz fue apaciguada y su lucha sólo hizo eco en el vacío que las rodea.

La mayoría de los organismos, están formados por mujeres técnicas y profesionales, que trabajan en “sectores populares” y “barrios pobres”. Son  mediadoras entre las agencias de financiamiento y los movimientos de mujeres; y ayudan a hacer programas  para los mismos, con el beneficio de brindar servicios como talleres, cursos de todo tipo, distribución de alimento, organizaciones para las ollas populares, planificación familiar (control de la natalidad), etc. Esta relación lleva como consecuencia a la diferencia de clases, de poder y de un acceso al manejo de recursos, genera también vínculos jerárquicos y aquellas tensiones entre las mujeres de las organizaciones y las de los movimientos que trabajan.

Las políticas neoliberales en su punto culminante en los 90’s hicieron que el movimiento feminista se fragmentara y privatizara.

    Según Gina Vargas (1998), el movimiento de la década del noventa, en el marco de los procesos de transición democrática que se vivió en la mayoría de los países, se enfrenta a nuevos escenarios y atraviesa una serie de tensiones y nudos críticos caracterizados por su ambivalencia. Las nuevas lógicas que intenta tener frente a las transformaciones paradigmáticas no se terminan de adecuar a estas nuevas dinámicas ni pueden reconocer siempre los signos que da la realidad. (Vargas, 1998).

Existen datos que han alcanzado un índice de preocupación en nuestra América Latina y el Caribe algunos de ellos fue: América Latina y el Caribe, se registraron los índices más altos de violación contra las mujeres: el homicidio representa la quinta causa de muerte, el 70 % de las mujeres padece violencia doméstica y el 30 % reportó que su primera relación sexual fue forzada: “Se calcula que el 80 % de las agresiones permanecen en el silencio ya que no son denunciadas por temor o por la certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta.” Y Las mujeres que trabajan lo hacen en situación cada vez más precarizada: no solo cobran un salario entre 30 y 40 % menor al de los varones por el mismo trabajo, sino que en su mayoría no tienen obra social ni derechos jubilatorios.

Movimiento Feminista de América Latina Actual

Actualmente los movimientos feministas hacen ahora parte de casi toda la ONG y forman parte de organizaciones gubernamentales, en especial en sectores de sindicatos.

Forman parte también del movimiento, los Centros de Estudios/Documentación de las Universidades Públicas (Nacional, Valle, Antioquia, Barranquilla, Cartagena) u otros programas como en la Universidad de Caldas; también hay centros de documentación en ONG, como el de la Fundación Mujer y Futuro –Centro de Estudios Magdalena León–, en la Corporación Mujeres que Crean, en la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja, entre otras organizaciones. Existen organizaciones y grupos algunos locales e informales, otros de cobertura nacional, de mujeres populares, campesinas e indígenas, así como de afrodescendientes. (Perdomo, 2010).

Es importante dar a conocer como se ha venido desarrollando los procesos de crecimiento de acuerdo a las experiencias de cada región del país: comunidad,  localidad, y así mismo los encuentros interculturales de mujeres que no necesariamente son feministas con su comunidad indígena, afro, campesina, urbanas, mestizas, clase media y alta, profesionales, etc que se sienten cada día más identificadas con la defensa de los derechos de las mujeres, como también de sus territorios.

Las mujeres en la academia cuya influencia social y política hacia el movimiento feminista viene siendo muy importante por su labor en producción literaria e investigativa acerca de la situación de las mujeres, ampliando los debates teóricos, filosóficos y políticos del feminismo.

Evidentemente hemos visto como el movimiento feminista se han acercado a organizaciones que defienden otras identidades de clase, raza, etnia y generación, como son el movimiento LBTQI+ provenientes de grupos de género y sexualidad de jóvenes.

Conclusiones

Con autores como Melucci, se puede afirmar que “…el movimiento está presente antes de que la movilización se haga visible, no se podría explicar si no dependiera de un discurso  existente previamente, de una orientación de la acción y de redes de solidaridad”; el movimiento es como tal antes de que se produzca la movilización, ya que cada marcha, cada suceso, cada plantón, requiere de una preparación, así como coordinación interna.

Y como cita Eli Bartra poniendo como referencia a  Frida Kahlo:

   La lucha por los derechos humanos, señala, en primer lugar, a la existencias igual para todos; pero el feminismo, hoy en día, ya no está luchando solamente por el derecho de las mujeres a la existencia y mucho menos por una existencia igual a la de los hombres, se lucha por el derecho a la existencia diferente. Las mujeres no podemos vivir igual que los hombres porque no somos iguales, somos diferentes. Y es justamente esa diferencia la que nos ha costado la inferioridad social.” (Bartra, Icaria Editorial, s.a, pág. 13)

El desafío actual de los movimientos feministas latinoamericanos, es concretar estrategias que sean adecuadas para así  impulsar esas transformaciones que requiere la sociedad hoy en día. No podemos dejar atrás todas esas luchas que hemos logrado, debemos seguir fortaleciéndonos.

 

REFERENCIA

 ·        Valdivieso, C. T. (2006). Una aproximación al Movimiento de Mujeres en América Latina. OSAL, 43.

·      Ardaya, S. M. (2007). Movimientos Sociales de Mujeres. Feminismo. En S. M. Ardaya, Movimientos Socioculturales en América Latina (pág. 85). Bolivia: Cepal.

·      Frasser, Nancy, (1991) “La lucha por las necesidades. Esbozo de una Teoría Crítica Socialista-Feminista de la Cultura Política del Capitalismo Tardío”

• Vargas, Virginia (2005) “Feminismo en la calle, en las casas y en las camas”. En <www.lespenelopes.org>.

·         G. Vargas Valente: “Nuevos derroteros de los feminismos latinoamericanos en los 90” en C. Olea (comp.) (1998): El movimiento feminista en América Latina, Ed. Flora Tristán, Lima.

·         Perdomo, P. R. (2010). Feminismo en Colombia. Bogotá D.C.: Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD.

·         Bartra, E. (Icaria Editorial, s.a). Frida Kahlo: Mujer, ideologia y arte. Barcelona: 1987.

 

 

Escrito por: Natalia Cardona Velasco, Politóloga de la Universidad del Tolima, Colombia.


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