Las mujeres han venido
siendo protagonistas de la gran discriminación patriarcal y machista en la sociedad lo que
llevo a que con los años fueran despertando sus emociones en contra de estas
prácticas machistas, y de allí partió la formación de movimientos feministas
en los cuales el de América Latina fue y ha sido un gran motor en los cambios sociales,
políticos y culturales de la región.
El
feminismo
El feminismo es un
movimiento político que da como respuesta a esa estructura dominante de la nación por parte de los
hombres. Este movimiento tiene raíces en la historia antigüa y se fue renovando en cada ciclo de la historia. En la actualidad se destaca por ese
reconocimiento radical social y académico del que ahora goza, con algunas
dificultades desde hace mucho tiempo, donde su voz ha sido contra la
institucionalidad del Estado y la contribución a las políticas públicas.
El feminismo viene
siendo un conjunto de ideas heterogéneas y de movimiento culturales, políticos y económicos con el
objetivo de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cuestionar esa
dominación y la violencia de los hombres hacia las mujeres y la asignación de
roles sociales según el género.
El movimiento feminista ha creado un conjunto de teorías sociales; teorías feministas, que han generado disciplinas históricas como; la teología feminista, la historia feminista o los estudios de género, entre otras más.
Con la influencia que
ha tenido el movimiento feminista, se
han dado logros de mucha importancia
como el voto femenino, la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos, entre otros.
Las feministas en
general tienen un acercamiento hacia la política, siguiendo en la creencia
de las palabras de Martín Luther King, "Una injusticia en
cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo lugar". Ellas apoyan
otros movimientos como el movimiento por los derechos civiles, el movimiento
pacifista, el movimiento por la soberanía alimentaria o el movimiento por los
derechos de la población homosexual. Al mismo tiempo, muchas feministas negras,
como Angela Davis critican que el movimiento
feminista es dominado por mujeres blancas.
Algunos feminismos
muestran su preocupación por el movimiento transexual,
ya que desafía las distinciones entre el hombre y la mujer. La transexualidad
es rechazada por el feminismo radical, que considera que la masculinidad y la
feminidad son construcciones socio-culturales, es decir la diferencia sexual
entre hembra y varón es obvia pero el género, el imaginario y la nube que se
crea en torno a esa diferencia anatómica determina la vida de las personas de
manera absolutista, algo que se considera injusto para el individuo. Otras
corrientes de feminismo reconocen, promocionan y reivindican los derechos
humanos de las personas transexuales.
Influenciadas por
estas experiencias y por el contacto con literatura que
provenía de los países centrales, muchas latinoamericanas -fundamentalmente de
clase media- iniciaron la formación de grupos de reflexión y activismos por los
derechos de las mujeres.
El
Movimiento Feminista en América Latina
En América Latina el
feminismo aparece como un pensamiento y un movimiento crítico en la década de
los sesenta, ya que antes solo existía ese feminismo muy débil, aristocrático y
tributario del sufragismo, en algunos países apareció con un raigambre
anarquista o de origen popular, vinculadas a las luchas obreras. Su presencia
como actor internacional surge en la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada
en México en 1975. El papel central del movimiento feminista la subversión de
los códigos culturales dominantes como una de las prácticas fundamentales.
“Los movimientos de mujeres y
feministas en América Latina emergen como tales en los tiempos de la “segunda
ola”, expresándose en varias ciudades de América Latina y del Caribe a partir
de la década del setenta. Igual que en el norte, este movimiento provenía
principalmente de mujeres de clase media; se organizó al inicio vía un modelo
autogestionario e independiente y era generalmente constituido por pequeños
grupos de auto-conciencia. A mediados de los setenta, salvo en algunos de los
países del sur. por las dictaduras existentes, donde los movimientos de mujeres
fueron parte de la resistencia (Argentina, Chile, Uruguay), se comienzan a
delinear el Movimiento Feminista y de Mujeres con las características
actuales.”
Se dice que a finales
de los años 60 y a principios de los 70, surgieron movimientos que ampliaron y
radicalizaron la confrontación entre las clases sociales que se había venido
presentando desde hace mucho tiempo; es la lucha de las nacional-populares. Las
feministas que era un movimiento muy débil se unieron a estas luchas y se
vincularon con otros movimientos sociales y políticos. Esta experiencia va a
crear esa base para la estructuración en el interior de los sindicatos,
partidos y movimientos guerrilleros, que cuestionaron la forma desigual en los
que se distribuían los roles en las luchas por la democracia y los derechos
humanos. La actividad clandestina y violaciones a los derechos humanos,
incluida la suspensión de los derechos políticos y civiles, le dieron un papel
muy importante como centro de acción desde dos perspectivas: la lucha por la
“supervivencia”, como se denomina para hacer efectivas las demandas sociales, y
la lucha por la vida y por los derechos humanos.
A mediados de los 70´,
a pesar de la derrota de ese ascenso que se dio a través de la
contrarrevolución sangrienta en los países latinoamericanos, abrió un curso
nuevo hacia una ofensiva imperialista en la región más llamada con el nombre de
“neoliberalismo”.
Los regímenes
dictatoriales que se vieron alrededor del continente, dieron impedimento el
desarrollo de los movimientos feministas, no por la instauración de una
ideología reaccionaria basada en la defensa de la tradición y la familia
solamente, sino también por la persecución política y el terrorismo de estado
con sus secuelas de tortura, exilios forzosos, cárcel, desapariciones y
asesinatos de activistas sociales, gremiales y políticos que se venían dando en
ese tiempo, que fue de los peores.
Estos grupos surgieron
en el marco de una sagaz radicalización de la lucha de clases en el cual, se
manifestó con el ascenso obrero y popular en donde expresiones más destacadas
fueron los cordones industriales chilenos, el cordobazo en Argentina, las
movilizaciones estudiantiles en México, etc. Aquellos acontecimientos podrían
considerarse como experiencias muy agudas que radicaron en consecuencias como
anteriormente dijimos en la formación de guerrillas.
El movimiento y la
expresión se fueron dando a nivel regional con los encuentros feminista, cada
dos años primero, y luego cada tres. En el cual se expresarían aquellos avances
feministas, las estrategias compartidas, los conflictos en perspectiva y
visiones que potenciaban estrategias y discursos; y que en ellos desarrollaría a
través, una inmensa articulación entre lo nacional y lo transnacional.
Lo bueno de estos
movimientos es que se enfocaron en dimensiones con proyección política
transversal y suprartidaria. Un ejemplo claro son las amas de casa mineras en
Bolivia, lideradas por Domitila Barrios de Chungara (1978), las cuales
participan contra la lucha de la explotación capitalista, sustituyen a los
dirigentes sindicales en la clandestinidad e iniciaron con una huelga de hambre
de 4 mujeres en 1978, con la caída de la dictadura de Banzer. Las Madres y las
Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina, que llegaron a ocupar el espacio
principal de interpelación a la dictadura y llegaron a convertir la lucha por
los derechos humanos como un máximo referente durante el periodo democrático.
Las mujeres del Distrito Villa del Salvador en Lima, combinaron la lucha por la
salud de sus hijos (programa del vaso de leche) y con la apertura para el
desarrollo del poder local y enfrentaron además la violencia de Sendero Luminoso.
También se destaca el Movimiento de Mujeres Nicaraguense Luisa Amanda Espinoza,
que surge en 1977 en medio de la clandestinidad, en la lucha contra Somoza, que
en cuyas filas militaron, al igual que en otras organizaciones sociales
izquierdistas, muchas lideres que habrían de impulsar la agenda feminista más
adelante: “…En Centroamérica, la intensa participación de las mujeres en
movimientos guerrilleros de los años setenta constituye un cambio radical en
relación con el papel limitado que habían tenido durante la primera oleada de
los movimientos revolucionarios latinoamericanos”
A diferencia de otros
movimientos, las mujeres no buscan modificar la distribución del poder de los
sexos, a través de las luchas, porque sus reivindicaciones son nacionales,
regionales y populares. La presencia de las mujeres se caracterizó por la
suerte de liberalidad que entre los partidos surgía y a partir de otros
rechazos al reclamo del poder para sí mismas. Son movimientos que se inscriben
en la lógica del sacrificio, para irlas reconociendo a medida del tiempo como
parte de movimientos colectivos.
Algunos grupos
feministas fueron realizando acciones durante los regímenes totalitarios y
otras mujeres mantuvieron un clima de hostilidad, pero lo cierto es que el
movimiento feminista recupera ese protagonismo que empezó a principio de los
años 80´, con las caídas de las dictaduras y la instauración de los nuevos
regímenes democráticos en toda la región.
La dictadura logró
cortar, los hilos de continuidad con la etapa anterior. Muchos de los planteamientos iniciales del feminismo volvieron a rediscutirse, en cierto sentido los años
del terror obligaron a que, una vez instalados los regímenes democráticos, las
feministas tuvieran que “volver a empezar”. Las democracias del continente
fueron los regímenes que garantizaron aquella continuidad de los planes
económicos que fueron la pérdida de enormes conquistas del movimiento de masas.
Las feministas se destacaron en la intención
de perfilar y/o marcar un discurso de derechos y con la recuperación de los
derechos de las mujeres en las décadas anteriores, los ubicaran como conquista
y afirmación de derechos.
El acercamiento
militante de las feministas, muchas de ellas del exilio, a las mujeres que
incluso bajo el yugo de los regímenes de terror ya se había empezado a
organizar con el reclamo de sus familiares desaparecidos, presos, y torturados.
Los términos de
democracia y derechos humanos puestos en la agenda pública permitieron el paso
de las demandas feministas a un lenguaje novedoso, a través de las políticas
partidarias, organismos internacionales y grupos de trabajo local. De allí empezó el periodo
de la conquista por los derechos civiles fundamentales, lucha en que el
feminismo tuvo un evidente compromiso como: el divorcio vincular, la patria
potestad, las leyes relativas a la violencia doméstica, aspectos parciales
relativos a derechos sexuales, salud reproductiva, etc.
Las acciones que fueron
realizadas por las feministas estuvieron fundamentalmente orientadas a
recreación de prácticas colectivas, a desarrollar las nuevas categorías de
análisis, nuevas visibilidades e incluso los nuevos lenguajes que los
feminismos a niveles nacionales estaban perfilando, para nombrar lo que era
hasta entonces sin nombre: sexualidad, violencia doméstica, asedio sexual,
violación en el matrimonio, feminización de la pobreza, etc.
En la década del 80,
vuelve a surgir el feminismo, y esto se visualiza mediante una nueva definición
de las relaciones con el Estado, con los partidos políticos y con el resto de
las organizaciones sociales.
Las feministas de los 80´, como
diría Nancy Fraser refiriéndose a la violencia contra la mujer, cuestionaron
los limites discursivos establecidos y politizaron problemas hasta entonces
despolitizados, crearon nuevos públicos para sus discursos, nuevos
espacios e instituciones en las cuales estas interpretaciones opositoras pudieran
desarrollarse y desde donde pudieran llegar a públicos más amplios. (Frasser, 1991).
Las feministas
incluyeron sus reclamos particulares en
esta situación comenzando con la creación de nuevos grupos, la presión a los
políticos y parlamentarios, exigiendo al Estado la implementación de una nueva
legalidad que contemplara aquellas demandas básicas nunca resueltas. Los
encuentros que se prolongaron durante toda la década estuvieron rubricados por
estas discusiones: como la doble militancia, el pertenecer a distintas
corrientes dentro del mismo feminismo en las cuales expresaban distintas
herencias ideológicas y políticas; la discusión que se daba acerca de la práctica
de los grupos de autoconciencia, o de “llevar” la conciencia a otros grupos de
mujeres de sectores populares, etc.
Los feminismos
latinoamericanos, se fueron expresando, visualizando y asumiendo las “dos
formas de existencia”: como centros de trabajo feminista, y como parte del
amplio, informal, movilizado, voluntario, callejero movimiento feminista,
haciendo confluir así, desde una “identidad feminista” dos dinámicas: la de los
profesionales activistas en los temas de las mujeres y las de militantes de un
movimiento en formación. Esto fue debilitado a favor de una creciente
institucionalidad en la década de los 90´.
La década del 80´ llego
al punto más alto con el IV encuentro realizado en México, donde un grupo de
mujeres hacen un documento crítico en el que se describen los “mitos” del
movimiento feminista, que según las firmantes, hacen interrupción al desarrollo
del movimiento. Este documento tiene gran efecto; en la que manifiesta que el
feminismo tiene un largo camino por recorrer ya que realmente aspira es a una
transformación total de la sociedad, de la política y de la cultura. Los mitos
que se enumeran son: A las feministas no les interesa el poder, las feministas
hacen política de otra manera: “todas las feministas son iguales, existe una
unidad natural por el solo hecho de ser mujeres, el feminismo solo existe como
una política de mujeres hacia mujeres”.
Estos mitos, han generado con el tiempo una situación de fracaso, autocomplacencia, desgaste, ineficiencia y confusión, que muchas feministas descubren y reconocen que existen y que está presente en las grandes mayorías de grupos que hacen política en América Latina.
El
Neoliberalismo entra en auge
A finales de la década
de los 80´ ya se estaban viendo los problemas que frenaban, el progreso del movimiento
feminista en la parte de hacer una transformación radical de la sociedad, la
política y la cultura. Las discrepancias que se esbozaban a pesar de los
intentos de homogeneización, se hicieron más visibles al calor de aquella ola de despidos, privatizaciones y
el ataque al nivel de vida de las masas en nuestro continente.
Tres temas aparecen ahora como
cruciales en las agendas del movimiento de mujeres y feministas: luchas y
alternativas frente a la globalización neoliberal; militarismo y guerra, y las
luchas contra los fundamentalismos de cualquier tipo, que niegan el ejercicio
de sus derechos políticos, sexuales, reproductivos y económicos, de muchas
maneras. Estas realidades impactan a la humanidad de diversas formas, pero para
las mujeres hay consecuencias específicas, y nosotras hacemos énfasis en los
impactos en los cuerpos de las mujeres y del derecho que tenemos a un cuerpo
sin hambre, sin violencia, con derechos sexuales y reproductivos y a vivir en
espacios con culturas seculares y estados laicos y democráticos. (Vargas, 2005).
El programa
“neoliberal” ya se había implementado en su mayoría, el Banco Mundial priorizó
la financiación de programas sociales bajo lemas de “participación” y “transparencia”
apropiándose de sus propios discursos críticos a su conveniencia de accionar. En
los 90´ aumento de la desempleo en todo el continente, y aquellas “relaciones
carnales” de los gobiernos Latinoamericanos con EEUU. No fue una etapa muy
buena para los que decidieron mantener la autonomía financiera, política e
ideológica.
Muchas feministas con experiencia
en movimientos, conocimientos específicos y una trayectoria política, hicieron
parte de esta tecnocracia en donde se sumó organismos multilaterales, las
agencias de financiamiento, el Banco Mundial y las organizaciones que se
transformaron en plataformas para el lanzamiento de carreras personales. Otras
mantuvieron su crítica durante estas tendencias, pero su voz fue apaciguada y
su lucha sólo hizo eco en el vacío que las rodea.
La mayoría de los organismos,
están formados por mujeres técnicas y profesionales, que trabajan en “sectores
populares” y “barrios pobres”. Son mediadoras entre las agencias de
financiamiento y los movimientos de mujeres; y ayudan a hacer programas para los mismos, con el beneficio de brindar
servicios como talleres, cursos de todo tipo, distribución de alimento,
organizaciones para las ollas populares, planificación familiar (control de la
natalidad), etc. Esta relación lleva como consecuencia a la diferencia de
clases, de poder y de un acceso al manejo de recursos, genera también vínculos
jerárquicos y aquellas tensiones entre las mujeres de las organizaciones y las
de los movimientos que trabajan.
Las políticas
neoliberales en su punto culminante en los 90’s hicieron que el movimiento
feminista se fragmentara y privatizara.
Según Gina Vargas (1998), el
movimiento de la década del noventa, en el marco de los procesos de transición
democrática que se vivió en la mayoría de los países, se enfrenta a nuevos
escenarios y atraviesa una serie de tensiones y nudos críticos caracterizados
por su ambivalencia. Las nuevas lógicas que intenta tener frente a las
transformaciones paradigmáticas no se terminan de adecuar a estas nuevas
dinámicas ni pueden reconocer siempre los signos que da la realidad. (Vargas, 1998).
Existen datos que han
alcanzado un índice de preocupación en nuestra América Latina y el Caribe
algunos de ellos fue: América Latina y el Caribe, se registraron los índices
más altos de violación contra las mujeres: el homicidio representa la quinta
causa de muerte, el 70 % de las mujeres padece violencia doméstica y el 30 %
reportó que su primera relación sexual fue forzada: “Se calcula que el 80 % de
las agresiones permanecen en el silencio ya que no son denunciadas por temor o
por la certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta.” Y Las mujeres que
trabajan lo hacen en situación cada vez más precarizada: no solo cobran un
salario entre 30 y 40 % menor al de los varones por el mismo trabajo, sino que
en su mayoría no tienen obra social ni derechos jubilatorios.
Movimiento Feminista de América Latina Actual
Actualmente los movimientos
feministas hacen ahora parte de casi toda la ONG y forman parte de organizaciones
gubernamentales, en especial en sectores de sindicatos.
Forman parte también del movimiento, los Centros de
Estudios/Documentación de las Universidades Públicas (Nacional, Valle,
Antioquia, Barranquilla, Cartagena) u otros programas como en la Universidad de
Caldas; también hay centros de documentación en ONG, como el de la Fundación
Mujer y Futuro –Centro de Estudios Magdalena León–, en la Corporación Mujeres
que Crean, en la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja, entre otras
organizaciones. Existen organizaciones y grupos algunos locales e informales,
otros de cobertura nacional, de mujeres populares, campesinas e indígenas, así
como de afrodescendientes.
Es importante dar a conocer como
se ha venido desarrollando los procesos de crecimiento de acuerdo a las
experiencias de cada región del país: comunidad, localidad, y así mismo los encuentros
interculturales de mujeres que no necesariamente son feministas con su
comunidad indígena, afro, campesina, urbanas, mestizas, clase media y alta, profesionales,
etc que se sienten cada día más identificadas con la defensa de los derechos de
las mujeres, como también de sus territorios.
Las mujeres en la academia cuya
influencia social y política hacia el movimiento feminista viene siendo muy
importante por su labor en producción literaria e investigativa acerca de la
situación de las mujeres, ampliando los debates teóricos, filosóficos y
políticos del feminismo.
Evidentemente hemos visto como el
movimiento feminista se han acercado a organizaciones que defienden otras
identidades de clase, raza, etnia y generación, como son el movimiento LBTQI+ provenientes
de grupos de género y sexualidad de jóvenes.
Conclusiones
Con autores como Melucci, se
puede afirmar que “…el movimiento está presente antes de que la movilización se
haga visible, no se podría explicar si no dependiera de un
discurso existente previamente, de una orientación de la acción y de
redes de solidaridad”; el movimiento es como tal antes de que se produzca la
movilización, ya que cada marcha, cada suceso, cada plantón, requiere de una
preparación, así como coordinación interna.
Y como cita Eli Bartra poniendo
como referencia a Frida Kahlo:
”La lucha por los derechos humanos, señala, en
primer lugar, a la existencias igual para todos; pero el feminismo, hoy en día,
ya no está luchando solamente por el derecho de las mujeres a la existencia y
mucho menos por una existencia igual a la de los hombres, se lucha por el
derecho a la existencia diferente. Las mujeres no podemos vivir igual que los
hombres porque no somos iguales, somos diferentes. Y es justamente esa
diferencia la que nos ha costado la inferioridad social.”
El desafío actual de los
movimientos feministas latinoamericanos, es concretar estrategias que sean
adecuadas para así impulsar esas
transformaciones que requiere la sociedad hoy en día. No podemos dejar atrás
todas esas luchas que hemos logrado, debemos seguir fortaleciéndonos.
REFERENCIA
· Ardaya, S. M. (2007). Movimientos Sociales de Mujeres. Feminismo. En S. M. Ardaya, Movimientos Socioculturales en América Latina (pág. 85). Bolivia: Cepal.
· Frasser, Nancy, (1991) “La lucha por las necesidades. Esbozo de una Teoría Crítica Socialista-Feminista de la Cultura Política del Capitalismo Tardío”
• Vargas, Virginia (2005) “Feminismo en la calle, en las casas y en las camas”. En <www.lespenelopes.org>.
·
G. Vargas Valente: “Nuevos derroteros de
los feminismos latinoamericanos en los 90” en C. Olea (comp.) (1998): El
movimiento feminista en América Latina, Ed. Flora Tristán, Lima.
· Perdomo, P. R. (2010). Feminismo en Colombia. Bogotá D.C.: Universidad Nacional Abierta y a Distancia – UNAD.
· Bartra, E. (Icaria Editorial, s.a). Frida Kahlo: Mujer, ideologia y arte. Barcelona: 1987.
Escrito
por: Natalia Cardona Velasco, Politóloga de la
Universidad del Tolima, Colombia.
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