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martes, 24 de noviembre de 2020

"Así como fue guapa para abrir las patas sea guapa para parir"

 Mi embarazo fue lleno de ilusión. Quería ser mamá, soltera. Tenía absolutamente todo planeado. No importaba el sexo del bebé lo que importaba en aquel momento era simplemente tener a ese ser especial a mi lado. No tuve complicación alguna durante todo el embarazo, los controles salieron normal y me agendaron parto natural. Las últimas semanas fueron relativamente calmadas, uno que otro movimiento del bebé me ponía en alerta, obvio, era mamá primeriza. Mi prima fue quien me acompañó en todo el proceso, no somos personas de altos recursos, pero si llenas de metas y de sueños, ambas estudiábamos un técnico y queríamos lograr grandes cosas. 

Llegó el ansiado día, estaba tan llena de nervios, temblaba camino al hospital, ´desde el momento de romper fuente hasta la llegada al lugar lo único que hacía era pensar que todo fuese por mi bebé. Me ingresaron, mi prima no pudo acompañarme, llamó a la familia a avisarle que ya me encontraba allí y se quedó esperando en la entrada. El parto había estado fechado para dos días después de ese, y a mi no me importaba mi bebé llegase antes, igual, los dolores no eran tan fuertes. De un momento a otro todo cambió, la enfermera pasaba a mirarme y me decía que siempre me faltaba bastante de dilatación, los dolores aumentaban y las horas parecían días, llegó un momento en el que le supliqué a la enfermera que me hicieran cesárea, pero ella de la forma más vil me contestó "así como fue guapa para abrir las patas sea guapa para parir, y aguántese esperar más porque va a tenerlo natural". Me frustré, me sentí muy mal, en serio sentía partir mi cuerpo en dos, lloraba, suplicaba, pasó un día entero en medio de llanto, gritos, desesperación y miedo, no podía dejar de pensar que le pasaría algo a mi bebé.

Mi prima no hacía más que suplicar que la dejaran pasar, pero no fue posible, toda mi familia vino pero no podía verlos, mi miedo incrementaba cada segundo, hasta que el médico paso a verme, con cara de asustado me dijo que ya estaba para poder tener a mi bebé, empecé mi trabajo de parto, pero al nacer mi bebé no lo escuché llorar, mi angustia aumentó, lo que tenía que ser un momento especial fue toda una tortura, ahora no lloraba por los dolores sino por la angustia, el médico se acercó a decirme que mi bebé había tenido un problema y que necesitaba estar en cuidados especiales. Mi bebé por negligencia médica tuvo una obstrucción de oxígeno y por ello quedó con secuelas de por vida. 

Ojalá hubiese sabido antes de que esto era violencia obstétrica, no me cabe en la cabeza el saber que, muchas mujeres han vivido situaciones similares o peores y no han dicho nada, lo normalizaban. Debemos ser conscientes de tanta mierda que ocurre, para saber decir basta, esto no debe ser así y por ende cambiarlo. 


                                                                                                            - Tatiana. 

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