REVISTA
IDEAS VERDES: ANALISIS POLÍTICO No 17 Abril 2019 Bogotá, Colombia
RESEÑA
FEMINIZAR
LA POLÍTICA, POLITIZAR LO COTIDIANO
Margarita
Sarmiento Osorio
La fragmentación de
la reproducción social y la apropiación impuesta a las mujeres de la carga
doméstica y de cuidado no les ha permitido una total liberación y
empoderamiento en el espacio público y político, en donde se reproducen
prácticas de discriminación, misoginia, violencia física y simbólica contra las
mujeres, no permitiéndoles la plena libertad de sus derechos humanos y de poder
participar en espacios sociales y políticos en igualdad de condiciones.
Algunas experiencias
indican que aquellas mujeres que acceden a los escenarios de representación
política lo hacen liderando proyectos familiares y agendas periféricas. No son
tenidas muy en cuenta en temas como la definición de presupuestos, la toma de
decisiones claves en los asuntos de gobierno y la agenda internacional. En
general, sus voces y sus agendas están más relacionadas con la extensión de sus
roles tradicionales y en la marginalidad, a pesar de que son ellas quienes más
se enfocan en liderazgos comunitarios, de política y tejido social. Lamentablemente
la mayoría de las mujeres ingresan al escenario político sujetas a las normas,
prácticas y reglas del patriarcado.
En estos escenarios
la mayor participación e inclusión de las mujeres están dirigidas al bienestar
colectivo y el poder consolidar proyectos para el beneficio de las comunidades,
de la democracia y poder construir una paz real. En ese mismo sentido, aquella
voz de mujeres feministas que se levanta en los espacios políticos, es cortado
por un Congreso que está conformado por hombres que temen perder su poder y
mujeres que todavía están inmersas en las reglas del patriarcado y siguen sus
prácticas, promoviendo las “mujeres de florero”.
CAPÍTULO
1 PERSISTEN LAS VIOLENCIAS
Todavía podemos ver
cómo sigue presente una autonomía limitada sobre el cuerpo de las mujeres, patrocinada
por el sistema patriarcal y aquellas políticas
de salud sexual y reproductiva precarias.
Parece
una contradicción, pero, aunque las mujeres tienen mayores índices en todos los
indicadores de educación (básica, universitaria y de postgrado), la brecha
laboral entre mujeres y hombres ha aumentado, superando hoy en día el 7,1 %.
Sin importar el nivel de educación, el desempleo para ellas es siempre mayor:
14 %, frente 7,8 % (DANE, 2018-2019). Lo anterior se suma a que las mujeres
tienen 78 % menos de probabilidad de ser asignadas a un cargo alto y ganan 30 %
menos que los hombres aunque desempeñen iguales funciones. Sin duda, la
informalidad laboral es femenina. (Sarmiento, 2019).
Es importante
rescatar que las mujeres han dado grandes pasos, como el poder acceder
mayoritariamente al mercado laboral y reducir la cantidad de hijos, sin
embargo, esto implica a la vez tiempo y energía en las labores de trabajo
doméstico y cuidado. También hay que tener en cuenta que la mayoría de las
mujeres en el hogar son violentadas y a la vez discriminadas, incidiendo en su
estancamiento en el mundo laboral y acceso a los escenarios políticos.
CAPÍTULO
2 A LA MEDIDA DEL PATRIARCADO
La violencia
simbólica, física y económica están desatas, los medios de comunicación han
constatado la discriminación que sufren muchas mujeres al ser víctimas de
matoneo en los escenarios políticos, por el simple hecho de ser mujeres.
Existe normatividad,
políticas, leyes, etc, que destacan el papel de la mujer en todos los espacios
de liderazgo y en las colectividades de mujeres y feministas. En la inclusión
de la perspectiva de género, podemos decir que esto ha servido como herramienta
para el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Sin embargo, las
prácticas micromachistas y violentas siguen abiertas. “…las feministas han sido quienes vienen evidenciando de tiempo atrás
estas violencias, que también se expresan en el escenario público y que
reproducen hombres y mujeres. No se necesita ser hombre para ser patriarcal.
(Sarmiento, 2019).
Exigen a las mujeres
a ser mejores, pero hay poco mérito y está claro que en el escenario público
los hombres no quieren ver a una mujer que tenga más conocimiento que él, no
ceden el poder y luego están hablando de participación de la mujer, convirtiéndolos
en personajes con fachadas de ser “defensores de los derechos de la mujer”.
CAPITULO
3 PARTICIPAR SIN CAMBIOS CULTURALES
El sistema fue
diseñado para que los hombres avancen pero las mujeres sean el soporte, es
decir, se les exige a las mujeres el mayor trabajo, pero muy poco
reconocimiento. En la historia del mundo, la mujer fue diseñada solo para las
tareas de cuidado del hogar y si este discurso social, político y cultural se
rompiera, seguramente se llevaría a cabo una revolución feminista, donde se
eliminen los obstáculos que han impedido
a la mujer ascender, a romper la división sexual del trabajo y a tener más
autonomía en su vida personal y económica.
Sin embargo, esto no se trata simplemente de tener espacios de poder,
sino que su voz sea reconocida y legitimada en igualdad como la de los hombres.
Hay que revolucionar
y democratizar la casa, como también lo público, la forma de hacer política y
el ejercicio del poder. Hay que promover los valores colectivos, darle
visibilidad a las problemáticas y a aquellas realidades injustas que sufren,
mejorando así las condiciones de vida.
CAPITULO
4 PERDER EL MIEDO A HABLAR DE NOSOTRAS MISMAS
Si queremos perder el
miedo a hablar de nosotras, tenemos que trabajar por el reconocimiento de
nuestro liderazgo, para esto necesitamos acordar mínimos como colectivo social
y empezar a revolucionar el hogar, democratizarlo, como se dijo anteriormente,
y hacer sentir que nuestras palabras tienen validez y se hagan llegar a la
agenda pública. Hay que feminizar la
política y politizar lo cotidiano.
Tal
vez las mujeres tenemos que empezar por nuestra propia historia, así como es,
auténtica, desde la discriminación, la marginación y la violencia para algunas,
pero, también, desde las posibilidades y oportunidades para otras. Ser
conscientes que somos la otra mitad del mundo. Aferrarnos a ese colectivo y
jalonar condiciones para nosotras y nuestras hermanas. Trabajar una a una en
reflexionar sobre nuestras historias de vida, sobre la manera en que nos
relacionamos con el planeta y con las otras mujeres, buscar que quienes nos
representan apunten a mejores condiciones de educación para lograr una mayoría
con sentido crítico y democrático y tener un mínimo de condiciones que dirijan
nuestro caminar colectivo para participar de la representación. (Sarmiento,
2019)
Es importante que las
mujeres nos dirijamos a revisar qué clase de poder queremos llegar a ejercer,
si queremos irnos hacia a los temas de dominación, exclusión y violencia por
parte del patriarcado, o si estamos interesadas en ejercer un poder colectivo e
incluyente. Lo que importa es que lo podamos construir a nuestra forma, con una
voz propia, como lo recalcaba Virginia Woolf. Necesitamos más mujeres en la
política, pero con más relevancia, como en las artes, la academia, las ciencias,
la tecnología, las finanzas y la investigación; mujeres decidas a dirigir
empresas, tener más poder de decisión y sobre todo autonomía y legitimidad, con
visiones futuras hacia nuevas prácticas, que ayuden a vivir en un mundo mejor.
Se necesita más
hombres con visiones de transformación del poder sin ninguna dominación.
Compartir esta idea sin ningún tipo de discriminación, porque precisamente hay
que construir un poder femenino, eliminando las barreras del patriarcado en
donde predomina la competencia y la rivalidad.
CAPITULO
5 VAMOS A JALARLE AL FEMINISMO
Diferentes análisis
se han dado frente a la urgencia de que los partidos políticos sean más
democráticos, siguiendo los apartados de la Constitución, promoviendo y actuando por la igualdad y la
universalidad de los espacios democráticos para hombres y mujeres. Un ejemplo
claro son las pasadas elecciones populares, donde los partidos de izquierda no incluyeron
en sus listas a mujeres. Si vemos ahora, El Polo Democrático Alternativo no
tiene ni una congresista mujer en el congreso, lo que lleva como resultado la
realidad de las mujeres que son excluidas en los escenarios de poder.
Según
la Misión de Observación Electoral (MOE), las características del sistema
electoral colombiano y sus dinámicas de selección de candidatos para la
conformación de las listas son procesos poco objetivos y poco democráticos que
no facilitan la participación de las mujeres. De los 32 departamentos del país,
solamente en 14 se debe cumplir la Ley de Cuotas; es decir, en 18 de ellos, las
listas pueden componerse únicamente de hombres. Esto es más grave si se tiene
en cuenta que desde 1991, cuando se proclamó la Constitución que hoy rige a
Colombia, no se ha elegido nunca a una mujer como representante a la Cámara en
nueve departamentos del país: Caquetá, Guaviare, Guainía, Casanare, Arauca,
Cesar, Quindío, Risaralda y Norte de Santander.(Sarmiento, 2019)
Lo anterior, responde
a un despertar de solidaridad femenina y en la búsqueda de otras mujeres que
representen nuestros intereses, llevar a cabo la exigencia de agendas feministas a hombres y mujeres que
están en el poder, hacer caer en cuenta a
aquellas que actúan siguiendo el sistema patriarcal su abandono a los
principios colectivos y también reconocer a aquellas que lo dan todo por
defender nuestros derechos. Postulemos mujeres, preparemos mujeres y sobre
todo, busquemos esa revolución feminista que nos permitan transformar los modelos
neoliberales patriarcales y cambiar la cultura. Formemos en nuestras casas
personas democráticas, para que podamos democratizar el país.
Y por último, quiero
resaltar que las mujeres no buscamos modificar la distribución del poder de los
sexos a travès de las luchas, porque sus reinvidicaciones son clasistas,
nacionales, regionales y populares. La presencia de las mujeres en los partidos
políticos se debe a personajes femeninos en la historia que lucharon por
nuestra libertad en el espacio público y en la política, lo que dio paso a que dentro de los partidos empezaran a
surgir ideas de inclusión, con algunos esfuerzos.
La solidaridad de género
es una de las herramientas que nos ayudará a romper la barreras del machismo.
REFERENCIA
- IDEAS
VERDES NO. 17 - ABRIL 2019 - FUNDACIÓN HEINRICH BÖLL OFICINA BOGOTÁ – COLOMBIA https://co.boell.org/sites/default/files/ideasverdes_17_web.pdf
Natalia Cardona Velasco, Politóloga de la Universidad del
Tolima, Colombia.